Libia.- Libia se abre a una lucha de poder en su camino a las elecciones de diciembre

El primer ministro, Fayez Serraj, su adjunto Ahmed Maitiq y el ministro del Interior, Fathi Bashagha preparan sus posiciones

TRIPOLI, 30 (DPA/EP)

En medio de la tensa calma que predomina en Libia, comienzan a emerger indicios de una lucha política entre la clase dominante del Gobierno de Trípoli, reconocido por la comunidad internacional, que podría frustrar los esfuerzos por unir al país si tres figuras se deciden a consolidar sus posiciones para asegurar un lugar en el futuro, desde el gobierno de transición que se elegirá en los próximos días, hasta las elecciones del 24 de diciembre.

Los tres son miembros del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) respaldado por la ONU: el primer ministro, Fayez Serraj; su adjunto, Ahmed Maitiq, y el ministro del Interior, Fathi Bashagha, importantes los tres para poner fin a una división que ha durado más de cinco años con dos administraciones rivales, y sus milicias afiliadas, e instrumentales en la composición de un futuro Gobierno a partir de un Consejo de Presidencia con tres asientos, más un primer ministro.

Las tensiones comenzaron en agosto, cuando Serraj inició una investigación contra Bashagha después de que grupos de milicias abrieran fuego contra manifestantes que reclamaban una mejoría de la condiciones de vida. “Fue entonces cuando Serraj se dio cuenta de que estaba en peligro”, considera Farag Dardour, analista político y profesor de la Universidad de Trípoli.

“Cuando Bashagha fue citado para la investigación, trajo consigo un convoy de unos 500 vehículos en flagrante desafío [para mostrar] la disposición de esa fuerza para intervenir si era destituido. Al final se llegó a un acuerdo y mantuvo su puesto”, añadió a DPA.

Serraj había asegurado que entregaría el poder a finales de octubre de 2020, pero a medida que se ha ralentizado el diálogo, ha comenzado a asentar su poder. Primero, reestructuró las llamadas Fuerzas Especiales de Disuasión bajo su mando, y después creó el Aparato de Apoyo a la Estabilidad con amplios poderes bajo el mando del líder miliciano Abdul Ghani al Kikli, fuera de los grupos leales a Bashagha.

Dardour explica que estos movimientos son para contrarrestar la influencia interna de Bashagha, así como sus contactos con potencias extranjeras. Bashagha visitó Francia y Egipto en noviembre, un acto que incomodó a Turquía, aliado de las autoridades de Trípoli y enemigo de las fuerzas rebeldes del este del país, lideradas por el mariscal Jalifa Haftar y apoyadas por El Cairo.

Por otro lado, el analista político Ahmed al Rowayati ve los viajes de Bashagha como un reflejo de su “apertura y coraje” y cree que aumentarán sus posibilidades de convertirse en primer ministro.

Al Rowayati, desde Misrata, el lugar de nacimiento de Bashagha, considera que las medidas de seguridad de Serraj son “una maniobra” para socavar el trabajo político de la ONU y un intento de ganar influencia.

SERRAJ CONTRA MAITIQ

La rivalidad entre Serraj y su adjunto Maitiq parece menos intensa. Al Rowayati cree que tienen planes y metas comunes, pero cada uno tiene sus propias intenciones ocultas. “Desde que están en el poder, ha descubierto que retenerlo es más fácil que competir por nominaciones y cuotas, por lo que ambos podrían estar a favor de obstruir el proceso de la ONU”, explica el experto.

Además de la lucha por el poder dentro de Trípoli, los partidarios del presidente del Parlamento rival con sede en Tobruk y aliado de Haftar, Aguila Salé, creen que debería liderar el Consejo de la Presidencia.

De hecho, algunos creen que tener a Salé y Bashagha a la cabeza de la nueva autoridad complacería a las potencias externas de ambos lados del conflicto, debido a los estrechos vínculos previos de Bashagha con Turquía y sus mencionadas conversaciones con Egipto y Francia.

Sin embargo, el analista Dardour, con sede en Trípoli, cree que la conexión de Bashagha con el Partido Justicia y Construcción, un partido político islamista, no conduciría a la estabilidad que el país busca durante tanto tiempo. Egipto y Emiratos Árabes Unidos, aliados de Haftar, son conocidos por su aversión a los grupos políticos islamistas.

Es por eso que otros observadores encuentran que es mejor una asociación entre Jaftar y Maitiq, dadas las buenas relaciones de este último con los partidarios de Haftar, especialmente Rusia.

En cualquier caso, si el proceso político falla, el resultado sería más bien un enfrentamiento político en lugar de un retorno a la guerra, opina Al Rowayati, porque las potencias externas que apoyan a las partes en guerra, principalmente Rusia y Turquía, no tienen ganas de un nuevo conflicto.

“Después de todo lo que han conseguido, no quieren ver cómo las armas vuelven a ponerlo todo en peligro”, considera.

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