Leonardo Padura: “Sé que Cuba no es un patrocinador del terrorismo”

Leonardo Padura es autor de lo libros "Agua por todas partes", "El hombre que amaba a los perros", "Adiós Hemingway", "Paisaje de otoño", entre otros.
Leonardo Padura es autor de lo libros “Agua por todas partes”, “El hombre que amaba a los perros”, “Adiós Hemingway”, “Paisaje de otoño”, entre otros. (Cortesía Hay Festival /)

Leonardo Padura es escritor, periodista, guionista y crítico literario. Participa en el Hay Festival 2021, que se realiza virtualmente desde Colombia, donde presenta su más reciente publicación, llamada Como polvo en el viento. En esta obra, como en La novela de mi vida (2002), habla sobre el exilio en general, aunque toque directamente el tema de los cubanos que han emigrado, en su gran mayoría, a Estados Unidos.

Como polvo en el viento (Tusquets) cuenta la historia de la joven neoyorquina Adela y su relación con su madre y su pareja, un joven cubano llamado Marcos, quien le cuenta historias sobre su juventud en la isla y los amigos que dejó allá; así, entre fotos antiguas, Adela descubre una cara conocida. La novela se desenvuelve alrededor de la diáspora cubana, la lealtad, el amor y los vínculos con el pasado.

Leonardo Padura habló con Infobae y contó sus intereses sobre el exilio y la cultura cubana.

-¿Todavía podemos hablar de la dignidad cubana?, ¿qué papel tiene esa dignidad en la actualidad de la isla?

– La historia de Cuba no se puede escribir sin la relación traumática que ha tenido con los Estados Unidos. Desde el surgimiento de los Estados Unidos como nación una de sus aspiraciones en su carácter expansionista (se tragó las dos terceras partes del territorio mexicano) fue tener un pie en Cuba y tal vez anexarse a la isla de Cuba, que era geográficamente tan importante en el siglo XIX.

Eso se llamó la política de la fruta madura, esa era una fruta que iba caer cuando se desgajara del imperio colonial español, un proceso que se aceleró con la intervención norteamericana en la guerra de independencia de Cuba, lo que se llamó la guerra hispano-cubano-norteamericana del año 1898, que concluyó con una intervención a Cuba hasta el año 1902, cuando finalmente nace la república.

A partir de ahí, Cuba tiene una relación de dependencia, no solo política, con los Estados Unidos, sino también económica; en esa relación hay un elemento que no se puede dejar de tener en cuenta que es la relación cultural, esa relación cultural que acercó mucho a Cuba y a los Estados Unidos y que tuvo, y tiene, manifestaciones tan importantes como es la música, por ejemplo, donde ha habido un toma y daca de influencias y de creaciones; ahí está, por ejemplo, el jazz latino, el latin jazz, que es un elemento de esa fusión entre lo cubano y lo norteamericano, el son cubano, la percusión cubana y el jazz norteamericano.

Y está el caso del béisbol, Cuba es uno de los países, junto a los Estados Unidos, cuyo deporte nacional es el beisbol, y sin el béisbol la historia de Cuba estaría incompleta, la práctica del béisbol, la filosofía del béisbol está en la esencia del espíritu cubano.

En lo político y en lo económico ha sido una relación muy traumática, que entra incluso en una fase superior de ese trauma a partir del triunfo revolucionario, con una opción socialista de parte de Cuba, en buena medida motivada por la inmediata hostilidad de los Estados Unidos hacia el proceso revolucionario cubano, y ha sido algo que se ha mantenido hasta hoy, con el embargo norteamericano a Cuba, el embargo es real, existe, y hoy mismo cualquier envío de remesas de los Estados Unidos a Cuba es muy complicado, y, como cualquier país del tercer mundo, Cuba depende, en muy buena medida, de remesas que vienen de países del primer mundo, especialmente de los Estados Unidos; toda Centroamérica se caracteriza por esa condición económica.

Ante eso, Cuba ha tenido una actitud de sostener su independencia, todo el pensamiento cubano independentista desde el siglo XIX, fundamentalmente la figura de José Martí, practicaron ese antiimperialismo y esa defensa de la identidad, de la nacionalidad, de la soberanía cubana, y es una bandera que hasta hoy, ha sido necesario enarbolar en tiempos muy complicados, con muchas contradicciones, a veces con momentos muy agresivos. Hubo, en el 2014, 2015, 2016, un acercamiento notable con el gobierno de Barack Obama, pero se retrocedió muchísimo en estos cuatro años del gobierno de Donald Trump, que acaba de terminar.

Como polvo en el viento, de Leonardo Padura

-En estos días se supo que Cuba volvió a la lista de los países patrocinadores del terrorismo de los Estados Unidos, ¿cómo se entiende desde la isla ese acto?

– Esta decisión por parte de Trump es armónica con la política que el desarrolló hacia Cuba y respondiendo a los intereses de un lobby político importante que tiene una actitud muy agresiva desde los Estados Unidos hacia Cuba. Una de las acusaciones es precisamente que Cuba ha dado refugio a guerrilleros y terroristas colombianos, ha sido uno de los argumentos que sé que se ha manejado.

No puedo dar una opinión sobre algo que no sé, lo que sí creo es que para nada Cuba es un país patrocinador del terrorismo, tal vez en otros momentos Cuba haya contribuido a exportar la Revolución, en los años 60, 70, pienso que eso ha cambiado mucho, las correlaciones políticas del mundo son muy diferentes en estos momentos, y creo que es un gesto más político.

Imagínate que Cuba está en una lista en la que creo que hay tres o cuatro países nada más, países donde sí hay expresiones de terrorismo muy marcadas, y sin embargo, otros países donde sabemos que ocurren este tipo de cosas no están en esa lista. Me parece que realmente excesivo, y una manera de enturbiar la posibilidad de unas mejores relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, en el gobierno de Bide, que ha declarado que pretende rescatar el espíritu de esas conexiones que existían en la época del gobierno Obama.

El escritor cubano Leonardo Padura posa para una foto el 2 de septiembre de 2020, en La Habana (Cuba). (EFE/Ernesto Mastrascusa)
El escritor cubano Leonardo Padura posa para una foto el 2 de septiembre de 2020, en La Habana (Cuba). (EFE/Ernesto Mastrascusa)
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-Usted habló en una entrevista sobre las obsesiones que tiene un escritor y con esto recordé lo que decía Ernesto Sábato sobre ellas: “cuanto menos numerosas, más fuertes son”. En su caso, su obsesión es el exilio aunque no lo haya vivido, entonces, ¿cómo ha sido ese trabajo de escritura y creación para hablar del exilio como si fuera una vivencia totalmente personal?

– Yo creo que el escritor, en especial el novelista, funciona con obsesiones, yo tengo varias que he tratado de expresarlas, de resolverlas a través de mi escritura, a través de mi trabajo como escritor, y una de ellas es la pertenencia, la pertenencia es para mí un elemento cultural, espiritual, humano, muy importante; porqué pertenecemos a una determinada cultura, a una determinada nación, a un determinado país, a un territorio es algo que está presente en mi trabajo desde hace muchos años.

Yo escribo una tesis de grado para la Universidad de la Habana, en el año 1980, sobre el inca Garcilaso de la Vega, el primer hispanoamericano que siente la posibilidad de ser alguien diferente a su padre español y a su madre inca, y el inca Garcilaso, en un momento en que el Perú como nación no existía, siente que el tiene un origen cultural diferente y expresa una pertenencia a ese territorio nuevo que conocemos com Hispanoamérica, él es el primer representante físico, espiritual, mental de lo hispanoamericano, y desde ahí ese tema de la pertenencia ha estado muy presente en mis libros: el ensayo que escribí sobre Alejo Carpentier y lo real maravilloso tiene que ver con la identidad, con la pertenencia, toda una serie de reportajes periodísticos que hice durante los años 80, la historia del barrio chino de La Habana, la presencia de los franceses y de los franco haitianos en Cuba, la migración catalana a Cuba, sobre lo que escribí un artículo y después un guión para un documental.

Lo opuesto a la pertenencia es el exilio, es el contrario, pero eso no significa una negación, uno puede estar en el exilio y sostener esa pertenencia, y sobre ese tema he escrito dos novelas, con visiones distintas del fenómeno del exilio, en épocas distintas, la primera se llama La novela de mi vida, alrededor de la experiencia de José María Heredia, el primer poeta cubano, y el primer exiliado cubano, en el año 1820, 1830, y ahora Como polvo en el viento, una novela que se desarrolla en tiempos más actuales, arranca en 1989 y llega hasta una fecha muy cercana en el tiempo, en la que hablo de personajes que permanecen y personajes que se van, pero todos sintiendo esa pertenencia o el desarraigo con respecto a esa pertenencia.

La novela ha ido funcionando muy bien entre los lectores. Pienso que las experiencias locales, individuales, nacionales, de un escritor, necesariamente, en el ejercicio novelesco, deben convertirse en experiencias universales, y fue lo que traté de hacer y de hablar no solamente de los exilios de los cubanos, sino de los exilios en sentido general, que no solamente afectaran a los cubanos, sino que afectaran a cualquier individuo que sintiera la pertenencia y sufriera el desarraigo

-Según lo que dice en su libro, si todas las razones son válidas para irse o quedarse en Cuba, ¿qué significa ser cubano en esta época?

– Esa es una pregunta que todavía me hago y me cuesta trabajo. Hay toda una serie de estereotipos de qué cosa es un colombiano, qué cosa es un argentino, qué cosa es un cubano, y esos estereotipos son falsos pero a la vez son verdaderos, creo que parten del abuso de determinadas actitudes por parte de un grupo de individuos, por eso expresan, de alguna forma, una realidad, pero es un tema muy complejo en la medida en que una nacionalidad, una pertenencia, una identidad es un proceso que siempre está abierto y que tiene las posibilidades de, incluso, desaparecer en el tiempo. Los períodos históricos son muy dilatados y lo que estamos viendo hoy en el presente dentro de 200 años puede haber dejado de existir.

Creo que la pertenencia a una cultura, en este caso a la cultura cubana, pasa por una identificación con determinadas maneras de entender la vida, de expresar la vida, de vivir la vida, que van desde el lenguaje, la forma en que hablamos, la lengua que utilizamos, en este caso el español, hasta la manera que tenemos de asumir las trascendecia, que puede ser muy complicada, puede que alguien sea ateo, un creyente cristiano o, en nuestro caso, muy abudante en esas religiones afrocubanas que vienen con los esclavos de África y se aclimantan a Cuba y se mezclan con los ritos y la litugia cristiana. Tiene que ver con la manera de comer, de amar, de comportarte en un espacio público y un espacio privado y todo eso va conformando esa identidad.

Te hablaba ahorita de la música y el béisbol, hay cubanos a los que no les gusta la música y no les gusta el béisbol, pero saben qué cosa es la música y qué cosa es el béisbol y eso lo he visto de una manera muy gráfica; en Brasil o en Colombia tú le tirás un balón a un niño y de la manera que mueve los pies te das cuenta de que genéticamente tiene el fútbol dentro, a un niño cubano tú lo ves tomar una pelota de béisbol, y te das cuenta de que genéticamente está programado para jugar béisbol, a lo mejor lo práctica o no, es un buen jugador de béisbol o no, pero lo tiene genéticamente diseñado, porque es un acervo cultural que le llega.

Esto de genéticamente diseñado es un disparate, por supuesto, no puede haber ese determinismo genético, pero hay un determinismo cultural, ese sí existe y la gente pertenece a una cultura y se expresa a través de ella.

Retrato de Leonardo Padura, escritor cubano  - Crédito: Nicolás Stulberg
Retrato de Leonardo Padura, escritor cubano – Crédito: Nicolás Stulberg

– ¿A qué se refieren conceptos como origen, raíz, tradición y herencia?

– Son conceptos que tienen similitudes, expresiones que puden parecerse. Creo que el origen es ese punto a partir del cual se crea algo, y esa creación, en el caso cubano, el origen de Cuba es el mestizaje, igual que ocurre en Colombia, porque somos países en los que un conglomerado humano llegó a un territorio donde existían otras personas, al cual llegaron otras personas de otras culturas diferentes.

Es muy complejo. En el caso de España estamos hablando de un país multicultural porque todos sabemos que no es lo mismo la manera de entender, vivir la vida y expresar la vida de un andaluz, un catalán o un vasco, incluso tienen lenguas distinas. En el caso de África sucede lo mismo, se tiende a ver el África como un solo conjunto, y África es una enorme diversidad de pueblos que tienen costumbres, idiomas y tradiciones que son diferentes y que llegaron todos juntos, metidos en el mismo barco a la misma plantación azucarera o cafetalera de acá de América, ahí hay un origen.

La herencia es lo que se recorre a lo largo de los años, y que se va a acumulando y que se entrega de generación en geneación, ahí están esos aprendizajes a partir de ese origen, los aprendizajes que se van haciendo en largos períodos históricos; existe una herencia cultural cubana, que se expresa, por ejemlo, en el caso de la literatura en una consecuencia de autores que han ido expresando lo cubano de generación en generación, desde José María Heredia, que en el año 1824 escribe el poema más grande de la literatura cubana, la Oda al Niágara, hasta los escritores contemporáneos, que se han ido sumando, yo, por ejemplo, siempre digo que sin la obra de escritores como Alejo Carpentier o, en una generación posterior, Guillermo Cabrera infante yo no hubiera podido escribir la obra que he escrito desde mi geneación, porque soy un heredero de Carpentier y un heredero de Guillermo Cabrera Infante

La tradición es el grupo de reglas no escritas que existen y hacen que cuando vas a hablar de carnavales en Colombia tienes que referirte a los de Barranquilla porque se ha creado una tradición, y ahora, si vamos a hablar de encuentros literarios en Colombia tienes que hablar del Hay Festival, porque se ha ido creando una tradición; es decir, es una acumulación que, a través de los años, permite que algo se establezca, que exista y, a veces en la tradición hay elementos que son folclóricos, algo que queda como más petrificado, pero que se visita como ir a un museo, y que se rescata y se pone en movimiento pero estás yendo a un museo.

– ¿Cuál es la importancia del ocio para la creación en un país como Cuba?

– La realidad cubana, para bien o para mal, esto va a ser un juicio de la historia, en estos momentos, se va pareciendo más a la realidad del resto de América Latina y del resto del mundo. Cuba fue una isla en muchos sentidos durante mucho tiempo y había condiciones, había prácticas, había recurso que permitían esa diferenciación a partir de la existencia de un sistema sociopolítico o económico diferente, pero la realidad es más fuerte que algunas de las utopías que se han pensado y hoy en día, acá en Cuba, en estos momentos, se está viviendo un período de gran tensión por lo que ha provocado la pandemia en el mundo por la practicamente extinsión durante largos meses del turismo, por la presión incrmentada del embargo americano a Cuba, y eso ha creado unas escaseces en medio de las cuales se han hecho unos ajustes económicos de lo que se ha llamado el ordenamiento monetario cubano que incluye la unificación de dos monedas que circulaban y eso está provocando una contracción de las posibilidades económicas de la gente muy notables.

Muchas personas, en estos días, han ido expresando hasta que punto su situación económica se ha complicado a partir de este ordenamiento que ha significado un aumento de los salarios, pero también un aumento exponencial de los precios en un período de carencias; es decir, tenemos una situación muy complicada.

Dentro de eso está tratar de entender cómo se imbrica esta posibilidad del ocio con respecto a la creación. Yo creo que el ocio del creador nunca es ocio. Todas las noches mi esposa y yo vemos una película o dos capítulos de alguna serie, recientemente vimos, por ejemplo, Lupin, y vimos un poquitico antes el Gambito de dama.

Cuando mi esposa y yo invertimos dos horas en ver una película o en ver dos capítulos de una serie ese es un ocio necesario, porque es el ocio de personas que, además, el consumo de cultura es una parte de su práctica y de su labor como creadores; pienso que el hecho de dedicar ese tiempo a ver películas, a leer libros, a asistir a una exposición, a una función teatral, a oir música es una necesidad para la persona con aspiraciones de un ejercicio creativo, porque uno no puede solamente consumir lo que produce o no consumir arte y tratar de producir arte.

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