Con hospitales llenos y poco oxígeno, pacientes COVID-19 en Brasil reciben cuidado intensivo en casa

Osmar Magalhaes, de 68 años, quien sufre de COVID-19, realiza una sesión de fisioterapia en su casa, donde improvisó una sala de cuidados de emergencia con tanques de oxígeno debido a la falta de oxígeno en el sistema de salud pública en Manaos, Brasil. 20 de enero, 2021. REUTERS/Bruno Kelly
Osmar Magalhaes, de 68 años, quien sufre de COVID-19, realiza una sesión de fisioterapia en su casa, donde improvisó una sala de cuidados de emergencia con tanques de oxígeno debido a la falta de oxígeno en el sistema de salud pública en Manaos, Brasil. 20 de enero, 2021. REUTERS/Bruno Kelly (BRUNO KELLY/)

Por Bruno Kelly

BRASILIA, 22 ene (Reuters) – En la ciudad selvática brasileña de Manaos, cuyos hospitales están abarrotados y hay escasez de oxígeno en el sistema de salud pública, un hombre logró sobrevivir al COVID-19 en una sala improvisada en su casa, gracias a los tanques de aire que pudo conseguir su familia.

Hace una semana no había camas de cuidados intensivos disponibles para Osmar Magalhães y tampoco había oxígeno para nuevos pacientes cuando su hija lo llevó a varios hospitales.

Así que se llevó a casa al extrabajador fabril de 68 años mientras su hijo salía a comprar un tanque de oxígeno al mercado negro. Con la ayuda de dos terapeutas, han logrado mantenerlo con vida mientras lo ayudan a recuperar la respiración.

“Gracias a Dios estoy mejor”, dijo a Reuters. “Comencé a sentirme mejor tan pronto como llegué a casa”.

Osmar comenzó a mostrar síntomas de COVID-19 el 2 de enero, dijo su hija Karoline, justo cuando una segunda ola de infecciones puso de rodillas al sistema hospitalario de la ciudad. Los médicos lucharon para evitar que los pacientes murieran asfixiados cuando se acababa el oxígeno.

“Los hospitales no podían ingresarlo. Sus pasillos estaban abarrotados y los pacientes compartían cilindros de oxígeno”, dijo. “Nos rechazaron en la puerta”.

En el caos de la crisis hospitalaria, los médicos abrumados no están dando información sobre los pacientes a los angustiados familiares. “Aún no sé si mi madre está viva o muerta”, dijo.

Karoline y su hermano no tuvieron más alternativa que intentar salvar a su padre en casa.

Dos terapeutas le controlan el pulso y la saturación de oxígeno, le dan masajes en la espalda y le ayudan a hacer ejercicios diarios. El tratamiento lo ha puesto fuera de peligro y ha reducido su dependencia del tanque de oxígeno.

“Ahora solo necesita 30 minutos al día de oxígeno”, dijo la terapeuta Karinna Fernandes, mientras Osmar se relaja en una hamaca, feliz de estar vivo y en casa.

(Escrito por Anthony Boadle; editado en español por Carlos Serrano)

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