La historia de Jonathan Ismael: estaba prófugo por lesiones graves y vendía droga oculta en un cochecito de bebé en la Villa 31

JONATHAN ISMAEL GIMENEZ
Jonathan Ismael tras su arresto y el cochecito en cuestión.

No había ningún bebé en el cochecito pero claramente había otra cosa. Ocurrió el sábado pasado, 30 de enero, poco después de la medianoche en la manzana 32 frente al Playón Central de la Villa 31 bis cuando un grupo de policías del Departamento Barrial de la Policía de la Ciudad encontró a una mujer de 22 años, de nacionalidad boliviana, junto al cochecito en cuestión, 15 personas lo rodeaban, pero no estaban recibiendo a un recién nacido. Información policial habla de una serie de pasamanos y de una voz de alto. “¡La gorra, la gorra!”, grita uno: la mujer corre, descartando un pañal.

En el medio de la carrera, un hombre intercepta al cochecito para llevarse a la mujer; agrede a la policía, según el sumario posterior. Termina detenido y trasladado junto a la mujer: ambos fueron cacheados. El hombre, Jonathan Ismael Jiménez, 28 años, de nacionalidad argentina, tenía 30 bolsitas de cocaína en su poder, casi dos mil pesos.

La mujer llevaba en una cartera otras 66 bolsas de polvo, un poco de marihuana. El pañal no tenía ningún residuo: al abrirlo, los policías encontraron más de 82 mil pesos. Jonathan y la mujer eran pareja, al parecer, compartían una casa en la manzana 5 del Barrio Güemes del asentamiento. Así, fueron acusados de narcomenudeo en una causa a cargo de la Fiscalía Contravencional N°13 de la doctora Andrea Scanga.

En General Roca, Río Negro, a más de 1100 kilómetros de distancia, un juez federal recibía la noticia. A Jonathan Ismael, ese juez lo buscaba hace tiempo por una vieja cuenta pendiente. La imputación en su contra databa desde 2014.

La calificación: lesiones graves.

Pareja guardaba recaudación drogas en un pañal

Pareja guardaba recaudación drogas en un pañal
Lo secuestrado: plata, droga y pañal.

En la mañana del lunes, el juez Simón Bracco a cargo del Tribunal Oral Federal de General Roca revocó la orden de captura en contra de Jonathan Ismael al anoticiarse de la detención en la Villa 31 bis, luego de declararlo rebelde por faltar a una cita judicial el 9 de diciembre, luego de que saliera del penal de Ezeiza y radicara un domicilio con su madre en la zona de Don Orione en Almirante Brown. Bracco había ordenado que sea arrestado y trasladado a un penal de la ciudad rionegrina, pero nunca apareció. Luego, llegó el episodio del cochecito.

Jonathan declaró luego por videollamada: insólitamente, dijo que se había radicado en la 31 bis tras pelearse con su madre con quien vivía, a la que no podía dirigirle ni siquiera la palabra y que tuvo que cambiar de casa, según una transcripción judicial a la que accedió Infobae. Dijo, incluso, que ni siquiera sabía que la causa en su contra seguía en pie. Incluso aseguró que había comenzado el trámite para obtener un DNI, que nunca tuvo directamente.

Sus idas y vueltas con el sistema son de una data mucho más larga: en octubre de 2019, su defensora oficial pidió que se extinga la causa en su contra al supuestamente vencerse el plazo razonable, tras haber sido indagado en 2015 y procesado en 2017, una indagatoria que tuvo que tomarse por exhorto y que tardó dos meses en materializarse tras varios errores en el proceso, con Jiménez detenido. El planteo de extinción, sin embargo, fue rechazado por el juez Bracco.

En los últimos años, el poder narco de la Villa 31 bis se fragmentó fuertemente tras la caída de sus capos históricos comoRuti” Mariños, delatado por arrepentidos o el desgaste de César Morán de la Cruz, uno de los presuntos traficantes más impiadosos y sanguinarios de la historia porteña, cuya banda fue acusada de ejecutar adictos en su histórico aguantadero de la manzana 32, “La Casa del Pueblo”, con su sicario estrella, “Piedrita” Arredondo . Así, las viejas segundas líneas y nuevos jugadores se esparcieron entre bunkers que fueron metódicamente allanados en los meses a lo largo de la pandemia y el aslamiento, nuevos jefes quisieron alzarse entre las bandas peruanas y paraguayas, pero el rol de jefe total del asentamiento de Retiro, a diez minutos de la Casa Rosada, quedó vacante.

La aparición de Jonathan Ismael, con una historia esquiva de violencia, es llamativa. Queda una pregunta, o dos, porque es difícil que haya operado solo si es que es culpable, coinciden conocedores en la zona, no sin tutela, no sin un peaje o un padrino: ¿A quién responde? ¿A quién le debe?

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