Las causas detrás de los precios de frutas y verduras, las comparaciones erróneas y la carencia de un proyecto “fruver” para la Argentina

Es imposible entender los precios de las frutas y verduras si sólo se observa el último eslabón de la cadena REUTERS/Agustin Marcarian
Es imposible entender los precios de las frutas y verduras si sólo se observa el último eslabón de la cadena REUTERS/Agustin Marcarian (AGUSTIN MARCARIAN/)

Recientemente, el gobierno y la prensa se ocuparon de los precios frutihortícolas. A lo largo de mi vida profesional, que ya lleva 40 años, es la enésima vez que se enfoca el tema con idéntica distorsión: se instala el tema en la agenda pública cuando los precios han subido, procurando la mayor estridencia porcentual. A veces se indica el aumento semanal, en otros casos el mensual o incluso anual, como ocurrió en esta ocasión.

No quisiera desmentir las cifras de los aumentos, que en muchos casos pueden ser ciertas, aunque sí la metodologia. Para cuantificar el aumento se establece una base arbitraria (la semana pasada, el mes anterior o un año atrás) pero si se comparara con 5 semanas, cuatro meses o 3 años antecedentes los resultados darían cualquier otra cosa

Quienes trabajamos en el comercio fruver, como me gusta llamar al sector de frutas y verduras, sabemos que los precios suben y bajan en virtud de heladas, granizos, lluvias, sequías, estaciones, devaluaciones, cambios de poder adquisitivo, feriados, Días de la Madre, fines de semana largos y la mar en coche

El proceso productivo fruver es el siguiente, un ser humano decide encarar una producción determinada, prepara la tierra, pone semillas o plantas (según el caso) riega, fertiliza, cuida, protege. Y entre 3 meses y 10 años después cosecha su producción.

Cosecha de manzanas
Cosecha de manzanas

En algunos casos la embala de inmediato y la envía al mercado, en otros la guarda en frío, la exporta, la vende a la industria o incluso la elabora personalmente.

En todos los casos conoce el proceso fotosintético y sus avatares; puede ser que los rendimientos sean excelentes o no, igual que las calidades.

El productor, el puestero, el verdulero y hasta el mismísimo Alfredo Coto no saben que a veces las cosechas son excelentes y rentables …. y a veces no lo son.

Idas y vueltas de la oferta y la demanda

En 2019 la frutihorticultura venia maltrecha, la baja de consumo, la imposibilidad del macrismo de resolver las restricciones heredadas del período 2003/2015, las dificultades cambiarias y financieras y la devaluación generada por la derrota de JxC en las PASO que llevaron el dólar de 45 a 60, concluyeron un año olvidable, salvo para las exportaciones de arándanos y cerezas, que tuvieron un efímero esplendor.

En 2020 la cuarentena más larga del mundo generó que la población se quede en casa e incremente fortísimamente su consumo de frutas y verduras, en desmedro de tantos otros bienes y servicios cuya demanda se cayó a pedazos.

La confrontación de la ubérrima demanda de 2020, comparada con la anoréxica demanda de 2019, y una oferta que necesariamente era similar o incluso menor por el arrastre crítico generó que hacia la primavera se verificaran los aumentos antes mencionados. Como se ha explicado, esto no tiene nada que ver con la inflación ni con la dieta de los argentinos, ni con la inseguridad alimentaria, ni con el “Estado presente”.

En las ultimas semanas bajaron el tomate, el zapallito, la pera, la uva y la banana, pronto lo harán el limón y los restantes cítricos.

Los limones no crecen solos
Los limones no crecen solos (Getty Images/iStockphoto/)

El atraso relativo del sector fruver argentino en relación a países vecinos y comparables (Perú, Chile, Brasil) tiene al menos 10 causas relevantes:

1- Falta histórica de inversión, consecuente con la ausencia de crédito y desmedida presión impositiva;

2- Atraso cambiario estructural;

3- Inadecuada legislacion laboral y cargas sociales;

4- Insuficiente desarrollo científico y tecnologico;

5- Insuficiente desarrollo logístico y gestional;

6- Macrocefalia estatal, con abuso de burocracia regulatoria y desaprensión por el desarrollo productivo;

7- Bajos niveles de consumo;

8- Incomprensión del proceso de formación de los precios por parte del Estado y de la prensa;

9- Búsqueda de chivos expiatorios;

10- Ausencia de un proyecto sectorial de tecnología, formación profesional y cadena de valor.

La pretensión de enfrentar estas carencias con la foto de algún ministro, empresario y algún otro capitoste sonriendo es una afrenta a la coherencia sectorial. Desde que se dilapidaron hace 50 años 600 millones de dólares en la construcción del faraónico Mercado Central, no existe un proyecto fruver argentino.

El gobierno debería ocuparse de utilizar con idoneidad su poderío omnímodo, basado en un presupuesto público que de continuar tan desequilibrado como ahora generará más pobreza y menos empleo. La prensa debiera contribuir al debate con fundamentos e identificar a quienes conocen del tema para permitirles diferenciarse de la sarasa.

Vayamos a las cosas. Emulando al Perón del 52 y no a los perones del fracaso, es imperioso revisar el anacrónico acuerdo de burocracia y parálisis por una nueva Fórmula de Productividad y Trabajo.

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