Miedo y tristeza tras mortíferos enfrentamientos en Darfur del Sur

En su pueblo de Twail Saadun, en Darfur del Sur, Adam Omar no esconde su tristeza ante su cabaña, tras la pérdida de varios familiares en los enfrentamientos tribales a finales de enero en esta región sudanesa.

“He perdido a siete miembros de mi familia en los enfrentamientos”, lamenta este hombre de 75 años en su pueblo, situado a unos 85 kilómetros de Nyala, capital de Darfur del Sur, en el suroeste de Sudán.

Omar pertenece a la tribu de los fallata, que ha perdido a muchos de sus miembros desde el estallido en 2003 del conflicto en Darfur entre las fuerzas de mayoría árabe del régimen del expresidente Omar al Bashir, destituido en abril de 2019, y minorías étnicas que se consideran marginadas.

La violencia dejó unos 300.000 muertos y más de 2,5 millones de desplazados, principalmente durante los primeros años del conflicto, según la ONU.

Aunque actualmente han bajado de intensidad, los enfrentamientos siguen siendo frecuentes entre pastores nómadas árabes y agricultores darfuríes.

Los últimos enfrentamientos estallaron el 18 de enero en Twail Saadun cuando miembros de la tribu árabe de los rzeigat atacaron a los fallata, y dejaron 60 muertos y decenas de heridos.

Los atacantes, que se desplazaban en moto, caballo o en camello, quemaron viviendas, comercios y saquearon tierras, según los lugareños.

“Todavía no ha sido detenido ningún criminal”, lamenta Omer, que ha perdido dos hijos.

– Tensiones –

Estos enfrentamientos ocurrieron dos semanas después del final de la misión de paz de la ONU y de la Unión Africana (Minuad), que estuvo presente 13 años en la región.

El ejército sudanés se ha desplegado cerca del pueblo para impedir la violencia, pero los habitantes con los que habló la AFP siguen en alerta. Armados con palos o cuchillos, se desplazan en grupos de tres o cuatro.

Según el alcalde del pueblo, Ibrahim Yunes, las tensiones estallaron el 4 de enero, tras el robo de ganado.

“Miembros de nuestra tribu fueron a buscar agua a una fuente próxima cuando se dieron cuenta de que habían desaparecido varias vacas”, dice el alcalde.

“Siguieron las huellas de los animales” hasta el pueblo de los rzeigat, que “aceptaron devolver los animales”, asegura.

Pero los rzeigat mataron a dos pastores fallata, según el alcalde. Tras asegurar que uno de los suyos había muerto, los rzeigat atacaron Twail Saadun, aprovechando la retirada de los militares, según la prensa oficial.

De hecho, algunos lugareños aseguran que algunos agresores estaban muy armados y “llevaban uniformes militares” parecidos a los del grupo paramilitar de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR).

Y es que las FAR cuentan con miles de antiguos miembros de la milicia armada de los janjawids, integrada por nómadas árabes y acusada de haber perpetrado atrocidades durante la guerra de Darfur.

Un jefe de los rzeigat asegura que su tribu “no ha organizado este ataque”. “Los que lo hicieron estaban fuera de control y podrían pertenecer a otras tribus”, dice a la AFP, bajo pedido de anonimato.

Ni el ejército ni las FAR respondieron a las llamadas de la AFP.

– “Fuerzas imparciales” –

Unos días antes de los enfrentamientos en Twail Saadun, otras escaramuzas similares habían dejado unos 160 muertos en Darfur Occidental.

Se trata de las matanzas más graves desde la firma en octubre de un acuerdo de paz entre las autoridades sudanesas de transición y varios grupos rebeldes, principalmente de Darfur.

Pero no parece que en estos últimos casos de violencia hayan participado firmantes del acuerdo.

Durante este tiempo, Naciones Unidas está retirando progresivamente a los 8.000 militares y civiles de la Minuad, a lo que se oponen los dafuríes que protestaron en diciembre, al temer una explosión de la violencia.

En Twail Saadun, los habitantes no creen que los cascos azules hubieran podido impedir el ataque.

“La Minuad no tenía patrullas cerca de nuestro pueblo (…), solo venían a investigar después de los ataques”, asegura Yunes.

Pese a que las autoridades sudanesas han desplegado tropas para protegerlos, los habitantes siguen preocupados.

“Con sus reiterados ataques, estos milicianos quieren expulsarnos de nuestra casa”, teme Ibrahim Issa, otro vecino.

El alcalde piensa que no se puede confiar en el gobierno ya que “incluye a FAR”. “Queremos fuerzas imparciales”, exige.

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